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LA SECUELA INVISIBLE: El impacto del cáncer de mama en el suelo pélvico

Las disfunciones del suelo pélvico derivadas de la quimioterapia, la radioterapia y los tratamientos hormonales representan un desafío para la salud integral de la mujer, requiriendo un abordaje especializado más allá de la rehabilitación postquirúrgica (sobre esto ya hablamos en nuestro artículo anterior “Cáncer de mama: la importancia de la fisioterapia en la recuperación”)

El avance en el diagnóstico precoz y la eficacia de los tratamientos oncológicos ha permitido que las tasas de supervivencia alcancen niveles históricos. Sin embargo, este éxito clínico conlleva la aparición de un conjunto de secuelas funcionales que a menudo quedan en la sombra de la enfermedad principal. Es fundamental visibilizar que, aunque el tumor se localice en la mama, los tratamientos oncológicos tienen un impacto sistémico que afecta de forma directa a la salud del suelo pélvico.

Las disfunciones del suelo pélvico derivadas de la quimioterapia, la radioterapia y los tratamientos hormonales representan un desafío para la salud integral de la mujer, requiriendo un abordaje especializado más allá de la rehabilitación postquirúrgica (sobre esto ya hablamos en nuestro artículo anterior “Cáncer de mama: la importancia de la fisioterapia en la recuperación”)

Tratamiento hormonal

Muchos tumores de mama son hormonosensibles, por lo que el tratamiento estándar incluye fármacos como el tamoxifeno o los inhibidores de la aromatasa. El objetivo de estos fármacos es reducir al máximo la presencia de estrógenos en el cuerpo.

Este bloqueo metabólico induce el denominado Síndrome Genitourinario de la Menopausia (SGM) de una forma mucho más severa y rápida que en una menopausia fisiológica. Como consecuencia de esto, pueden aparecer las siguientes disfunciones de suelo pélvico:

  • Disfunción sexual 🡪 dispaurenia, dolor en las relaciones. 
  • La mucosa vaginal puede se vuelve más fina y frágil y pierde elasticidad, siendo propensa a microfisuras.
  • Disminuye la lubricación y se genera una contracción secundaria defensiva de la musculatura del suelo pélvico.


  • Incontinencia 🡪 urinaria y/o fecal.
  • El epitelio de la uretra depende de los estrógenos para mantener su capacidad de cierre, por lo que la capacidad para resistir presiones es menor, pudiendo provocar episodios de incontinencia urinaria de esfuerzo. 
  • Ocurre lo mismo con el esfínter anal, lo que dificulta la contención de gases o heces líquidas. 
  • Por otro lado, la mucosa de la vejiga se vuelve más sensible, pudiendo ocasionar episodios de urgencia.


  • Prolapso de vísceras pélvicas. 
  • Los estrógenos son los encargados de estimular la síntesis de colágeno y elastina. 
  • Al bloquear estas hormonas, las fascias y ligamentos que sostienen el útero, la vejiga y el recto pierden su firmeza y elasticidad. 
  • El tejido se vuelve «laxo», favoreciendo el descenso de los órganos pélvicos.

 

Abordaje desde fisioterapia especializada

La detección precoz de estos síntomas permite iniciar el tratamiento de fisioterapia de forma temprana y conseguir una mejor recuperación. 

En la primera consulta de valoración, teniendo en cuenta los informes médicos sobre los tratamientos recibidos, te explicaremos las herramientas y técnicas de fisioterapia que utilizaremos en tu caso. En pacientes oncológicas todos los tratamientos son especialmente individualizados, garantizando siempre la máxima seguridad

Lo que si te podemos adelantar es que el ejercicio se ha relacionado con una menor probabilidad de padecer SGM en mujeres supervivientes de cáncer de mama, por lo que es una herramienta terapéutica de primer orden. El movimiento actúa como un fármaco sin efectos secundarios que interviene exactamente donde los tratamientos han dejado huella. Algunos de sus efectos son:

  • El ejercicio estimula a los fibroblastos para que sigan fabricando colágeno, aunque los estrógenos estén bajos. Es la mejor forma de mantener la fuerza del suelo pélvico y frenar la aparición de disfunciones. 

 

  • El movimiento aumenta la vascularización en todo el cuerpo, incluida la pelvis. Esto ayuda a llevar oxígeno y nutrientes a la mucosa vaginal mejorando el trofismo y combatiendo así la atrofia y la sequedad.

 

  • Otro de los efectos secundarios del tratamiento hormonal es la pérdida de densidad ósea. El ejercicio de fuerza y el impacto controlado es el único estímulo capaz de mantener fuertes los huesos y prevenir la osteoporosis. 

 

  • Una de las secuelas más limitantes tras el tratamiento de quimioterapia es el cansancio extremo. Aunque parezca contradictorio, la ciencia demuestra que el ejercicio reduce la fatiga oncológica mucho más que el descanso. 

 

  • El movimiento libera endorfinas y dopamina, los analgésicos naturales de nuestro cerebro que nos ayudarán a recuperar el bienestar. 

 

Necesitamos que las mujeres reciban información clara sobre estas posibles secuelas desde el inicio de su tratamiento médico. La salud pélvica es un componente esencial de la salud global y desde la fisioterapia especializada podemos ayudarte a recuperarla. 

 

Referencias

Para más información, visítanos en Clínica Sanalia en Avd. Retamas 16, Alcorcón, o contáctanos a través de:

 

¡Te esperamos! 🩷