El liquen vulvar representa una de las patologías dermatológicas más complejas de la salud íntima femenina. Debido a su naturaleza progresiva y a la sintomatología que presenta, su manejo requiere de una intervención temprana en estrecha colaboración entre ginecología, dermatología y fisioterapia especializada de suelo pélvico.
1. Tipos de Liquen vulvar
Aunque el término “liquen” se utiliza de forma genérica, existen diferentes variantes clínicas que afectan a la región, cada una con unas características propias:
- Liquen escleroso: es el más habitual en nuestras consultas, se caracteriza por una inflamación crónica que deriva en atrofia de la piel, que adquiere un aspecto blanquecino y quebradizo. Su progresión puede derivar en la fusión de los labios internos o el enterramiento del clítoris.
- Liquen plano: afecta con mayor intensidad a las mucosas y presenta erosiones rojizas y dolorosas, 2 de cada 3 mujeres con liquen plano tienen síndrome vulvovaginal-gingival.
- Liquen simple crónico: es una respuesta secundaria a un estímulo irritante persistente, la irritación constante provoca un engrosamiento de la piel, que se vuelve rugosa como respuesta defensiva al rascado continuo.
2. Prevalencia
La prevalencia del liquen es difícil de determinar debido al infradiagnóstico, a menudo confundido con procesos infecciosos recurrentes y al silencio clínico que rodea la patología. La estimación es que afecta aproximadamente a una entre 60 o 1000 mujeres aumentando a una de entre 30 mujeres después de la menopausia.
Sus causas son multifactoriales, actualmente la evidencia científica apunta hacia tres factores predisponentes:
- Componente autoinmune: mayor predisposición en mujeres con otras enfermedades autoinmunes
- Predisposición genética: antecedentes de liquen en la familia
- Factores hormonales: concentraciones bajas de estrógenos actúan como factor facilitador o agravante de la sintomatología, por ello su incidencia aumenta antes de la pubertad o en la menopausia
3. Signos y síntomas
La presentación de la enfermedad es variable, pero el síntoma más evidente es el prurito vulvar intenso, que suele aumentar durante el descanso nocturno. Otros signos y síntomas habituales son:
- Cambios en la coloración, aparición de placas blancas o manchas
- Fragilidad cutánea, presencia de fisuras o grietas, especialmente en la zona de la horquilla vulvar
- Dispaurenia, dolor en las relaciones por pérdida de elasticidad del tejido y estrechamiento del introito vaginal
- Molestias urinarias, asociadas al rascado y la inflamación
- Alteraciones anatómicas, en fases avanzadas se produce la pérdida de los labios internos y el enterramiento del clítoris
El diagnóstico temprano es determinante para frenar la esclerosis del tejido. Se debe realizar una inspección visual detallada de la zona acompañada de una biopsia cutánea para confirmar la sospecha clínica.
4. Abordaje multidisciplinar
Desde el punto de vista farmacológico, los corticoides son el tratamiento de elección para disminuir la inflamación y detener la progresión de la enfermedad.
Desde el punto de vista funcional y regenerativo, la fisioterapia de suelo pélvico es esencial para el abordaje tisular:
- Técnicas de terapia manual para recuperar la movilidad de los tejidos y evitar el progreso de las adherencias.
- Radiofrecuencia INDIBA Deep Care para conseguir:
- Bioestimulación y regeneración: favorece la proliferación de fibroblastos y la síntesis de colágeno y elastina, para que la piel de la vulva recupere parte de su estructura inicial.
- Vascularización: el incremento de la microcirculación local mejora el trofismo del tejido, por tanto, la piel mejora su capacidad de reparación y disminuye la tendencia a la fisura
- Reducción de fibrosis: reorganización de las fibras de colágeno, ablandando las zonas esclerosadas y mejorando la distensibilidad del introito
- Efecto analgésico: al mejorar el estado metabólico del tejido, se observa disminución del prurito y el dolor asociado a la inflamación
- Educación en medidas de hidratación y protección para restaurar la barrera lipídica de la piel:
- Utilizar ropa interior de fibras naturales
- Evitar el uso de detergentes agresivos o suavizantes en la ropa interior
- Higiene vulvar con agua, evitar un lavado excesivo y agresivo
- Aplicar emolientes y aceites específicos
Y, por último, recuerda que se trata de una enfermedad inflamatoria, por lo que será recomendable actuar sobre todo el componente sistémico: dieta antiinflamatoria, ejercicio físico y control del estrés son imprescindibles para conseguir el control de la enfermedad.
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